Queridos amigos y lectores:
Mario Bunge es un filósofo argentino que, días pasados, visitó nuestro país.
Los señores del
APRA (Asociación Paraguaya de Racionalistas),
SIEMPRE AGRESIVOS PARA CON LA IGLESIA CATÓLICA, sea en sus escritos, sea en sus audiciones radiales o televisivas, promovió la realización de conferencias y entrevistas con este filósofo, por simpatizar con la postura, también racionalista del mismo, si bien
este señor Bunge no es iconoclasta como los del APRA.
Leí la noticia y sus declaraciones en Última Hora de hoy, 21 de octubre, y le puse un extenso comentario.
Lastimosamente aparecía una advertencia en la pantalla diciendo que "este comentario no podía publicarse en ese muro". Tal vez por causa de la extensión.
Entonces puse un "Me gusta", para acercarles la noticia, y les añado aquí esa noticia y todo mi comentario.
ÚltimaHora.com - hace 8 horas
¡LA VETUSTA IRRACIONALIDAD DE LOS RACIONALISTAS!
La mayoría de los racionalistas, llámense ateos, agnósticos, anticlericales o filósofos, como Mario Bunge, personaje al que se refiere el artículo de Última Hora que comento,
combaten asidua y fervorosamente toda clase de "dogmas", es decir afirmaciones no demostradas,
sustentados ya sea por el psicoanálisis, la medicina homeopática, la parapsicología y, fundamentalmente, por el catolicismo, pero lo hacen atrincherándose en los dogmas racionalistas.
Ahora bien:
combatir dogmas con dogmas es un absurdo, porque es darle valor demostrativo a una figura del pensamiento que se está dando de baja.
Es como decirnos:
"tus dogmas, no; pero mis dogmas, sí".
Me limitaré a señalar cuatro, entre tantas,
de las irracionalidades en las que incurren los defensores de la "diosa" Razón.
La primera irracionalidad de los racionalistas es
la soberbia.
Los visualizamos siempre empinándose como los
dueños de la verdad, pontificando con el ridículo eslógan: "Solo es verdad lo que está científicamente demostrado".
Y desde ese pináculo propalan, alegre y autosuficientemente, sus disparates, casi siempre despectivos y ofensivos, contra los que no pertenecen a su rebaño, muy especialmente contra los católicos.
Dicha postura, amén de ser, ella también, dogmática, es torpe y errada, porque, como todos sabemos,
lo que hace siglos era "una verdad científicamente demostrada", hoy es "un error científicamente demostrado", como lo del número de los genes humanos, que bajó, de los millones pregonados por la antigua ciencia, a poco más o menos de treinta mil, en la ciencia actual.
La segunda irracionalidad de los racionalistas es la de
discutir sin definir.
Los antiguos filósofos decían
"primum defínere", primero definir, sabia norma filosófica que nos ayuda a evitar la
"ignorantia terminorum" (desconocimiento de los términos), y la consecuente pérdida de tiempo, aconsejándonos no discutir sin antes definir el objeto o el término en discusión.
Mario Bunge y, como él, muchos otros filósofos, racionalistas o de otra corriente, pasan por alto tan indispensable requisito, que evita la aparición del feo vicio de las
"afirmaciones a priori", es decir, aquellas que el filósofo las da por evidentes, sin tomarse la molestia de demostrarlas.
Es así como
Bunge suelta disparates de este calibre:
"El misticismo solo genera falsa ciencia (pseudociencia, en la jerga de ellos), y mesianismos en política".
No demuestra la falsedad de la supuesta ciencia generada por el misticismo, ni explica qué se entiende por misticismo, quiénes los místicos que generaron falsas ciencias, y en qué reside tal falsedad.
Tampoco aclara si otros líderes, también mesiánicos, como Hitler, Castro, Chávez, Lugo, etc. pueden salir de otras sentinas, y no del misticismo.
Tampoco aclara en dónde reside la diferencia entre ciencia y pseudociencia.
O este otro disparate pronunciado por Bunge en otra entrevista:
"¿Por qué el pie humnano es tan ridículo con diez dedos que no sirven para escribir ni para tocar el piano?".
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Esa entrevista la encontré en:
5 PREGUNTAS A MARIO BUNGE
1- ¿Cuáles son los temas más conflictivos entre ciencia y religión?
La naturaleza, origen y
evolución de la vida, que la biología explica en términos puramente
naturalistas; la naturaleza de la mente, que la neurociencia cognitiva
muestra que es un conjunto de procesos cerebrales; y la función social y
política de las religiones, que no son sólo cosmovisiones sino también
herramientas de control social, esencialmente conservadoras porque se
atienen a presuntas escrituras sagradas, que de hecho no son sino
documentos históricos de tiempos bárbaros.
2- Cuando un científico firmemente creyente en Dios afirma que sus creencias no afectan en sus investigaciones, ¿le cree?
Le creo si lo que hace no
toca a ninguno de los tres temas mencionados; o sea, si el investigador
no se plantea ninguno de los grandes problemas que se presentan en la
intersección entre la ciencia y la religión.
3-¿Alguna vez percibió
en colegas “cortocircuitos” entre su profesión de fe y su profesión
científica, o en su por lo menos en su aplicación del método científico?
Si, en el caso de la
psicología y de la historia de ciencia. En el primer caso, la negativa a
investigar los mecanismos neurales de los procesos mentales; en el
segundo, la distorsión deliberada del pensamiento de grandes
científicos, tales como Galileo y Einstein, y la tentativa de ignorar la
existencia de los grandes filósofos materialistas.
4- ¿Por qué “es mejor” ser ateo que agnóstico o teísta?
Porque deja libertad para
investigar, porque no acobarda a la gente con amenazas de castigo
eterno por impiedad o pecado, y porque no obliga a contemporizar o
aplazar la solución de cuestiones fundamentales, como es el caso de los
agnósticos.
5- ¿Qué idea le resultó más eficaz para hacer dudar a un religioso?
Pedirle
que me explique por qué el pie humano es tan ridículo, con diez dedos
que no sirven para escribir ni para tocar el piano; o que me diga por
qué Dios, si es tan bueno, inventó la lombriz solitaria, el piojo y el
bacilo de la tuberculosis.
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No sé por qué, en el criterio de Bunge, un religioso tendría que saber de ecosistemas, o de medicina, para poder explicar lo de la lombriz solitaria, la tuberculosis o los piojos.
Pero sin falta encontrará algún experto en esa ciencia que le explique cuál es la función de cada ser vivo, incluyendo las garrapatas, los mosquitos y las pulgas.
Preguntarle eso a un religioso es como que yo le pregunte a Bunge sobre cosmetología de las actrices de cine, y sus contraidicaciones dermatológicas. Bunge tampoco podrá responder a esa pregunta, pero no por eso se va a quedar "paralizado" o dubitante, como quedaron, según él, los religiosos por él abordados sobre el tema de los parásitos.
Desconozco también el criterio de belleza, o el conocimiento de las fórmulas de la ingeniería del esqueleto humano que maneja Bunge, para hablar así de los pies y sus diez dedos. Yo nunca
escuché que alguien dijera semejante barbaridad: no sé qué de ridículo o de inútil encuentra este
filósofo en los pies.
Le invito a señalarme, en esta foto u otras similares, en qué se encuentra tal ridiculez.
Un traumatólogo podrá explicarle, detalladamente, la función de cada dedo del pie.
¡NO VEO QUÉ TIENEN DE RIDÍCULOS LOS PIES!
Pero Bunge suelta ese disparate
desconociendo la realidad, por muchos comprobada, de
la belleza de los pies, enaltecida incluso en la Biblia y en la poesía erótica, y demostrando ignorar que
hay gente que escribe, o pinta, o toca el piano, con los dedos de los pies, como lo ilustro más abajo:

Hablar de lo que uno ignora es ponerse en el tobogán del disparate, actitud muy frecuente en los racionalistas.
La tercera irracionalidad de los racionalistas es la de
creer que las únicas verdades son las que se pueden demostrar por medio de los métodos científicos.
Estos métodos, como es sabido,
tienen fecha de vencimiento, y van quedando en la obsolescencia, como ocurrió con los métodos
"científicos" del siglo XIII, por ejemplo, y como ocurrirá, sin duda alguna, con los del siglo XXI.: hoy valen. Después pasan a retiro.
Sin embargo los racionalistas
se aferran a los "métodos científicos de su época", sin definir lo que debe entenderse por ciencia ni por método científico.
Ciencia, del latín "scire", conocer, es el estudio de la realidad, para conocerla y analizarla en todas sus dimensiones posibles.
Pero tampoco definen qué se entiende por "realidad", limitándose a admitir, acríticamente, que la realidad es lo que la ciencia ha demostrado (?), cayendo así en este círculo vicioso:
es real lo que se demuestra, y es demostrable porque es real.
Pero como la realidad es "todo lo que existe o puede existir", ¿qué pasa si una realidad, como Dios, cuya existencia los racionalistas atacan implacables, y hasta con socarronería y burlas, no pudiera ser captada con los métodos científicos hoy disponibles?
Ellos, sencillamente, la niegan.
Su axioma es: "Lo que no puede demostrarse con métodos científicos, no es real".
O, más groseramente: "Lo que no cabe en mi cabeza, no existe".
Sería más prudente manejar este otro axioma:
"Si la realidad no es demostrable con los métodos científicos hoy disponibles, hay que agrandar los métodos, no achicar la realidad". Son los métodos los que deben adaptarse al objeto, no el objeto a los métodos.
Diciendo eso mismo toscamente:
"Si la realidad no cabe en tu cabeza, agranda tu cabeza, no achiques la realidad".
Blas Pascal, más científico que los del APRA, decía que
"el corazón tiene razones que la razón no entiende". Larga fue la disputa que tal sentencia suscitó entre los científicos de su época.
Pero ¿quién sabe si, dentro de 100 años, la humanidad estará ya disponiendo de la fuerza de los
"razonamientos del corazón", o de los
poderes mentales, negados hoy por Bunge y los racionalistas, para acceder al estudio de las realidades científicas
del siglo XXII, inalcanzables por los científicos del siglo XX o XXI?.
Tal vez será posible, para ese entonces, contar ya con el
"Telescopio de Dios", como hoy se está analizando la existencia de la mal llamada
"Partícula de Dios" o las características de los hadrones.
La cuarta irracionalidad de los racionalistas es la de
ignorar un principio filosófico fundamental, que yo enuncio de la siguiente manera:
"El mayor logro de la Razón, es el de haber descubierto que no es ella la única fuente del conocimiento en la búsqueda de la verdad".
Cuántos ateos, agnósticos, y racionalistas, sean estos filósofos, como
Jean Paul Sartre, o políticos, como
Antonio Gramsci, o historiadores, como
Voltaire, o científicos, como
Alexis Carrel, por citar algunos entre muchos, han bebido, al final de sus días, de otra fuente de conocimientos, ajenas a la de la "diosa" Razón, y
han llegado a admitir, conmovidos, la existencia de Dios. Hay testigos de dicho fenómeno.
Pero
tan brillantes personajes, mucho más grandes que los racionalistas cerriles de hoy día, que nos aburren repitiendo siempre la misma cantinela y los mismos ejemplos, o los de "cafetín", como yo los denomino, porque hacen del debate un pasatiempo,
no pasan de ser, para estos filósofos actuales, como Bunge, o para los
"filosofitos", semejantes a los del APRA,
"pobres hermanos desviados del recto camino de la razón".
Por eso resulta imposible dialogar con los racionalistas.
Pero, por lo menos, debemos señalarles sus grandes metidas de pata.
Los pies, "tan ridículos", según Bunge, también sirven para meter la pata.
Cordiales saludos:
Dr. Francisco Oliveira y Silva
Cel.:0985 24 26 01