jueves, 7 de julio de 2011

EE.UU.: ¿UNA DICTADURA DEMOCRÁTICA?

El "demócrata" Barack Obama ha ordenado imponer en el mundo la ideología gay, es decir, la cultura de la muerte, contenida en la falsa y tramposa "Ideología de género", porque las asociaciones de gays, lesbianas, bi y transexuales constituyen uno de los soportes estratégicos más eficaces para apuntalar su gestión gubernativa.

Reiteró esta orden a ser cumplida a través de las distintas embajadas de los EE.UU. en el mundo, sin atender a que eso "les guste o no les guste" a los ciudadanos.

El objetivo evidente es "destruir los valores proclamados por la cultura cristiana", y "reducir a la Iglesia a una simple ONG de beneficencia".

Quien se oponga, deberá afrontar las consecuencias, las cuales podrán ser desde una simple multa, hasta la privación del título profesional, o la prisión en la cárcel.

Este proceder "legal" ya ha entrado en vigencia en ciertos países, en algunos de los cuales hasta se ha llegado a pagar con la vida esta resistencia a renunciar a los propios principios morales.

Tal parece que estamos retrocediendo a eras muy antiguas, como la del Imperio romano, donde el Emperador tenía en sus manos la vida o la muerte de los ciudadanos.

Concretamente, la de Nerón persiguiendo y matando a los cristianos.

¿Ha llegado nuestra hora? ¿Sucumbió la Democracia? ¿No tenemos ya los verdaderos Derechos Humanos? ¿Qué rumbo debemos seguir de hoy en más? ¿Cuál será nuestra opción final? ¿Cederemos por miedo? ¿O enfrentaremos decididos al Poderoso gigante como David lo hizo con Goliat?

Queda en manos de cada uno la decisión que va a tomar en esta pesadilla.
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miércoles 6 de julio de 2011

EE. UU. QUIERE IMPONER IDEOLOGÍA GAY EN PAÍSES CATÓLICOS


WASHINGTON D.C., 03 Jul. 11 (ACI). La Secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, alabó la labor de su departamento en la promoción de la ideología gay con eventos como las "marchas de orgullo" y un concierto de Lady Gaga en Roma (Italia). Dos expertos advierten que esta postura de la administración Obama también podría terminar por imponer esta ideología en países católicos.

Austin Ruse, Presidente del Instituto Catholic Family and Human Rights en Estados Unidos, explicó a ACI Prensa que "la administración Obama ha hecho que la agenda de los grupos LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) sea uno de los pilares en su política internacional".

"Han hecho que las embajadas en todo el mundo monitoreen y asistan a los colectivos homosexuales sin importar si la gente del país la aceptan (la agenda LGBT) o no", agregó.

Ruse dijo a ACI Prensa que "Estados Unidos es muy poderoso y puede forzar a los gobiernos del mundo a someterse a sus perspectivas para las políticas sociales".

Como nuestra de este apoyo de Clinton y la administración Obama a la ideología gay que busca destruir el concepto de matrimonio natural, compuesto por un hombre y una mujer, y la familia que se funda en ella, el pasado 27 de junio organizaron junto a la organización de gays y lesbianas de las agencias de relaciones exteriores, una celebración del orgullo LGBT.

Los miembros de estas instituciones reunieron a 20 jefes de misiones de la ONU y los hicieron firmar una declaración pública en apoyo a la marcha del 27 y alentaron "un debate respetuoso y productivo sobre derechos LGBT".

Tras una serie de iniciativas ejecutadas en Italia, el único país de Europa que no cuenta con legislación sobre este tema, y Eslovaquia, Clinton explicó en el evento del 27 de junio que el Departamento de Estado también promueve los llamados "derechos homosexuales" en Honduras, Uganda, Malawi, Rusia, Turquía, China y otros países.

También destacó el gran esfuerzo en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra donde obtuvieron que se ordene realizar un estudio para medir "el grado de discriminación por orientación sexual o identidad de género en el mundo", celebrado por la prensa secular como algo "histórico" por considerarla la primera resolución de este tipo en este organismo.

Asimismo, el departamento de relaciones exteriores de Estados Unidos y su misión permanente ante la Organización de Estados Americanos (OEA) ha generado un "obsevatorio" especial para "derechos LGTB" dentro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Sobre este tema, Rebecha Marchinda, Directora legal de la organización World Youth Alliance, –cuya labor se realizada mayormente ante la ONU– señaló a ACI Prensa que esta política de promoción de la ideología gay, especialmente en países católicos, "puede terminar en la alienación de la Iglesia del espacio público y del debate sobre estos temas".

"En vez de reconocer que los estados tienen razones legítimas para reconocer el matrimonio y la familia como instituciones, Estados Unidos busca enfrentar a la Iglesia Católica con la sociedad civil afirmando que su oposición a esta ideología se basa solamente en ideas retrógradas", denunció Marchinda.

Algunas de estas razones legítimas, explicó, son anteriores a la cuestión religiosa y promueven la dignidad humana y el bien común.

Rebecha Marchinda dijo también a ACI Prensa que no existe una definición aceptada internacionalmente sobre lo que significa "orientación sexual" o "identidad de género" y sin embargo las autoridades de Estados Unidos siguen usando estos términos en su labor referente a derechos humanos.

Con ellos, resaltó, "se genera confusión entre los estados miembros de la ONU y especialmente entre aquellos que reciben políticas generadas con este lenguaje para ser aplicadas en sus naciones".

Estos conceptos nacen de la ideología de género, una corriente relativista que nació en Estados Unidos hace unos 30 años y se desarrolló luego en Europa de acuerdo a la ideología del feminismo y del pensamiento gay.

Lo que busca es afirmar que la diferencia entre hombre y mujer es un hecho social antes que algo biológico para dar la idea de que la orientación sexual –y con ello la identidad de género y el papel del género– contaría más que el sexo biológico natural.

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miércoles, 6 de julio de 2011

¿DESDE CUÁNDO SER GAY ES NORMAL?

Desde 1971 los homosexuales activistas OBLIGARON A LOS PSIQUIATRA a que
declaren que la homosexualidad no es un trastorno, como siempre lo ha sido.

INGRESARON COMO VÁNDALOS, ATROPELLANDO LA ASAMBLEA CIENTÍFICA, arrebataron el micrófono al psiquiatra que estaba dirigiendo la reunión, y amenazaron con quemar el recinto si no borraban la homosexualidad de la lista de trastornos sexuales.

Bajo tan agresiva presión los psiquiatras obedecieron a los agresores.
Y desde entonces, por razones de violencia, no científicas, la homosexualidad "pasó
a ser normal". Después empezaron a circular 10 MITOS que pueden leerse en este material.

Transcribo toda la historia, para que saquen sus propias conclusiones.
En la siguiente entrada iré transcribiendo los MITOS.


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10 mitos sobre la homosexualidad. Carlos Javier Alonso.

Profesor de Filosofía sábado, 27 de noviembre de 2004 Carlos Javier Alonso

El discurso políticamente correcto no siempre resulta lógicamente correcto. Un ejemplo palmario lo encontramos en el tema de la homosexualidad. En este asunto se amalgaman opiniones infundadas, datos insuficientemente contrastados, juicios ideológicos y sofismas evidentes. En este artículo resumimos los tópicos y falacias más frecuentes que perturban una reflexión

racional y ponderada sobre esta cuestión.


0. Introducción histórica[1]


La homosexualidad designa las tendencias y las relaciones entre hombres o mujeres que
experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo.

Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece ampliamente inexplicado. De tendencia rechazable, a reivindicación de alternativa sexual legítima, la homosexualidad es objeto hoy de un debate que revisa todos sus planteamientos.

Un amplio abanico de publicaciones sobre la cuestión y un protagonismo desmesurado del asunto en los medios sumergen al lector interesado en una polémica donde se hace cada vez más difícil distinguir lo verificado de lo ideológico.


El juicio sobre la homosexualidad ha experimentado variaciones a lo largo de
la Historia.


En
general, las culturas de la Antigüedad la juzgaron moralmente reprobable.

Egipcios y mesopotámicos la contemplaron con desdén, mientras que para el pueblo de Israel se hallaba incluida en el listado de una serie de conductas indignas del pueblo de Dios que se extendían del adulterio a la zoofilia pasando por el robo o la idolatría (Levítico 18, 22).

No en vano, el Antiguo Testamento incluía entre los relatos más cargados de dramatismo el de la
destrucción de Sodoma y Gomorra (Génesis 13, 14, 18 y 19), cuyos habitantes habían sido castigados por Dios por practicar la homosexualidad.

Durante el período clásico, la visión fue menos uniforme.


En Grecia
, por ejemplo, algunas formas de conducta homosexual masculina y sin penetración era tolerable –como lo puede ser entre nosotros la prostitución-; mientras que en Roma fue duramente fustigada por autores como Tácito o Suetonio, como un signo de degeneración moral e incluso de decadencia cívica.



El cristianismo que, a fin de cuentas, había nacido del judaísmo, también condenó expresamente la práctica de la homosexualidad.


Jesús, no sólo legitimó lo enseñado por la ley de Moisés, sin hacer excepción con los actos homosexuales (Mateo 5, 17-20), sino que el Nuevo Testamento en general condenó la práctica de la homosexualidad considerándola contraria a la ley de Dios y a
la Naturaleza (Romanos 1, 26-27) y afirmando que quienes incurrieran en ella, al igual que los que practicaran otro tipo de pecados, no entrarían en el Reino de los cielos (I Corintios 6, 9).

La condena de la práctica homosexual fue común en los Padres de la iglesia.

En los documentos más antiguos de disciplina eclesial aparece como uno de los pecados que se penan con la excomunión.
Partiendo de esta base no resulta extraño que el mundo medieval —tanto judío y cristiano como musulmán— condenara las prácticas homosexuales e incluso las penara legalmente aunque luego en la vida cotidiana fuera tan tolerante —o tan intolerante— con esta conducta como con otras consideradas pecado.

Esta actitud fue aplastantemente mayoritaria en occidente —y en buena parte del resto del globo— durante los siglos siguientes. Esencialmente, la visión negativa de la homosexualidad estaba relacionada con patrones religiosos y morales y no con una calificación médica o psiquiátrica. El homosexual podía cometer actos censurables —no más por otra parte que otros condenados por la ley de Dios— que incluso se calificaban de contrarios a la Naturaleza y de perversión. No obstante, no se identificaba su conducta con un trastorno mental o con un desarreglo físico. En realidad, para llegar a ese juicio habría que esperar a la consolidación de la psiquiatría como ciencia.


Partiendo de una visión que consideraba como natural el comportamiento heterosexual —que meramente en términos estadísticos es de una incidencia muy superior— la psiquiatría incluiría, desde el principio, la inclinación homosexual —y no sólo los actos como sucedía con los juicios teológicos— entre las enfermedades que podían y debían ser tratadas.


Richard von Kraft-Ebing, uno de los padres de la moderna psiquiatría del que Freud se reconocía tributario, la consideró incluso como una enfermedad degenerativa en su Psychopatia Sexualis.
De manera no tan difícil de comprender, ni siquiera la llegada del psicoanálisis variaría ese juicio. Es cierto que Freud escribiría en 1935 una compasiva carta a la madre norteamericana de un homosexual, en la que le aseguraba que “la homosexualidad con seguridad no es una ventaja, pero tampoco es algo de lo que avergonzarse, ni un vicio, ni una degradación, ni puede ser clasificado como una enfermedad”.
Sin embargo, sus trabajos científicos resultan menos halagüeños no sólo para las prácticas sino incluso para la mera condición de homosexual. Por ejemplo, en sus Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad, Freud incluyó la homosexualidad entre las “perversiones” o “aberraciones sexuales”, por usar sus términos, de la misma manera que el fetichismo del cabello y el pie o las prácticas sádicas o masoquistas.
A juicio de Freud, la homosexualidad era una manifestación de falta de desarrollo sexual y psicológico que se traducía en fijar a la persona en un comportamiento previo a la madurez heterosexual.


En un sentido similar, e incluso con matices de mayor dureza, se pronunciaron también los otros grandes popes del psicoanálisis, Adler y Jung. Los psicoanalistas posteriores no sólo no modificaron estos juicios sino que incluso los acentuaron a la vez que aplicaban tratamientos considerados curativos contra la inclinación homosexual.

En los años cuarenta del siglo XX, por ejemplo, Sandor Rado sostuvo que la homosexualidad era un trastorno fóbico hacia las personas del sexo contrario, lo que la convertía en susceptible de ser tratada como otras fobias.

Bieber y otros psiquiatras, ya en los años sesenta, partiendo del análisis derivado de trabajar con un considerable número de pacientes homosexuales, afirmaron que la homosexualidad era un trastorno psicológico derivado de relaciones familiares patológicas durante el período edípico.

Charles Socarides, en esa misma década y en la siguiente —de hecho hasta el día de hoy— defendía, por el contrario, la tesis de que la homosexualidad se originaba en una época pre-edípica y que por lo tanto resultaba mucho más patológica de lo que se había pensado hasta entonces. Socarides es una especie de bestia negra del movimiento gay hasta el día de hoy pero resulta difícil pensar en alguien que en el campo de la psiquiatría haya estudiado más minuciosa y exhaustivamente la cuestión homosexual.


Curiosamente, la relativización de esos juicios médicos procedió no del campo de la psiquiatría sino de personajes procedentes de ciencias como la zoología (Alfred C. Kinsey) cuyas tesis fueron frontalmente negadas por la ciencia psiquiátrica.


De manera comprensible y partiendo de estos antecedentes, el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) incluía la homosexualidad en el listado de desórdenes mentales.



Sin embargo, en 1973 la homosexualidad fue extraída del DSM en medio de lo que el congresista norteamericano W. Dannemeyer denominaría “una de las narraciones más deprimentes en los anales de la medicina moderna”.


El episodio ha sido relatado ampliamente por uno de sus protagonistas, Ronald Bayer, conocido simpatizante de la causa gay, y ciertamente constituye un ejemplo notable de cómo la militancia política puede interferir en el discurso científico modelándolo y alterándolo.


Según el testimonio de Bayer, dado que la convención de la Asociación psiquiátrica americana (APA) de 1970 iba a celebrarse en San Francisco,


distintos dirigentes homosexuales acordaron realizar un

ataque concertado contra esta entidad. Se iba a llevar así

a cabo “el primer esfuerzo sistemático para trastornar las

reuniones anuales de la APA” (American Psiquiatric Association).

Cuando Irving Bieber, una famosa autoridad en

transexualismo y homosexualidad, estaba realizando un

seminario sobre el tema, un grupo de activistas gays

irrumpió en el recinto para oponerse a su exposición.

Mientras se reían de sus palabras y se burlaban de su

exposición, uno de los militantes gays le gritó:


“He leído tu libro, Dr. Bieber, y si ese libro hablara de los

negros de la manera que habla de los homosexuales, te

arrastrarían y te machacarían y te lo merecerías”.


Igualar el racismo con el diagnóstico médico era pura demagogia y no resulta por ello extraño que los presentes manifestaran su desagrado ante aquella manifestación de fuerza.
Sin embargo, el obstruccionismo gay a las exposiciones de los psiquiatras tan sólo acababa de empezar.


Cuando el psiquiatra australiano Nathaniel McConaghy se

refería al uso de “técnicas condicionantes aversivas” para

tratar la homosexualidad, los activistas gays comenzaron a

lanzar gritos llamándole “sádico” y calificando semejante

acción de “tortura”. Incluso uno se levantó y le dijo: “¿Dónde

resides, en Auchswitz?”. A continuación los manifestantes

indicaron su deseo de intervenir diciendo que habían esperado

cinco mil años mientras uno de ellos comenzaba a leer una

lista de “demandas gays”.


Mientras los militantes acusaban a los psiquiatras de que su profesión era “un instrumento de opresión y tortura”, la mayoría de los médicos abandonaron indignados la sala.


Sin embargo, no todos pensaban así. De hecho, algunos psiquiatras encontraron en las presiones gays alicientes inesperados.
El Dr. Kent Robinson, por ejemplo, se entrevistó con Larry Littlejohn, uno de los dirigentes gays, y le confesó que creía que ese tipo de tácticas eran necesarias, ya que la APA se negaba sistemáticamente a dejar que los militantes gays aparecieran en el programa oficial.

A continuación se dirigió a John Ewing, presidente del comité de programación, y le dijo

que sería conveniente ceder a las pretensiones de los gays

porque de lo contrario “no iban solamente a acabar con una parte” de la reunión

anual de la APA.


Según el testimonio de Bayer, “notando los términos coercitivos de la petición, Ewing aceptó rápidamente estipulando sólo que, de acuerdo con las reglas de la convención de la APA, un psiquiatra tenía que presidir la sesión propuesta”.

Que la APA se sospechaba con quien se enfrentaba se desprende del hecho de que contratara a unos expertos en seguridad para que evitaran más manifestaciones de violencia gay. No sirvió de nada.






El 3 de mayo de 1971, un grupo de activistas gays irrumpió


en la reunión de psiquiatras del año y su dirigente,


tras apoderarse del micrófono, les espetó que no


tenían ningún derecho a discutir el tema de la


homosexualidad y añadió: “podéis tomar esto como


una declaración de guerra contra vosotros”. Según


refiere Bayer, los gays se sirvieron a continuación de


credenciales falsas para invadir el recinto y


amenazaron a los que estaban a cargo de la


exposición sobre tratamientos de la homosexualidad


con destruir todo el material si no procedían a retirarlo


inmediatamente.


A continuación se inició un panel desarrollado por cinco militantes gays en el que defendieron la homosexualidad como un estilo de vida y atacaron a la psiquiatría como “el enemigo más peligroso de los homosexuales en la sociedad contemporánea”.


Dado que la inmensa mayoría de los psiquiatras podía ser más o menos competente, pero desde luego ni estaba acostumbrada a que sus pacientes les dijeran lo que debían hacer ni se caracterizaba por el dominio de las tácticas de presión violenta de grupos organizados,


la victoria del lobby gay fue clamorosa.


De hecho, para 1972, había logrado imponerse como una presencia obligada en la reunión anual de la APA. El año siguiente fue el de la gran ofensiva encaminada a que la APA borrara del DSM la mención de la homosexualidad. Las ponencias de psiquiatras especializados en el tema como Spitzer, Socarides, Bieber o McDevitt fueron ahogadas reduciendo su tiempo de exposición a un ridículo cuarto de hora mientras


los dirigentes gays y algún


psiquiatra políticamente correcto realizaban


declaraciones ante la prensa en las que se anunciaba


que “los médicos deciden que los homosexuales no


son anormales”.




Finalmente, la alianza de Kent Robinson, el lobby gay y Judd Marmor, que ambicionaba ser elegido presidente de
la APA, sometió a discusión un documento cuya finalidad era eliminar la mención de la homosexualidad del DSM. Su aprobación, a pesar de la propaganda y de las presiones, no obtuvo más que el 58 por ciento de los votos. Se trataba, sin duda, de una mayoría cualificada para una decisión política pero un tanto sobrecogedora para un análisis científico de un problema médico. No obstante, buena parte de los miembros de la APA no estaban dispuestos a rendirse ante lo que consideraban una intromisión intolerable y violenta de la militancia gay. En 1980, el DSM incluyó entre los trastornos mentales una nueva dolencia de carácter homosexual conocida como ego-distónico. Con el término se había referencia a aquella homosexualidad que, a la vez, causaba un pesar persistente al que la padecía. En realidad, se trataba de una solución de compromiso para apaciguar a los psiquiatras —en su mayoría psicoanalistas— que seguían considerando la homosexualidad una dolencia psíquica y que consideraban una obligación médica y moral ofrecer tratamiento adecuado a los que la padecían.



En 1986, los activistas gays lograban expulsar aquella dolencia del nuevo


DSM, e incluso obtendrían un nuevo triunfo al lograr que también se


excluyera la pedofilia de la lista de los trastornos psicológicos.



En Estados Unidos, al menos estatutariamente, la homosexualidad —y la pedofilia— había dejado de ser una dolencia susceptible de tratamiento psiquiátrico.



lunes, 4 de julio de 2011

DENUNCIAR REQUIERE VALENTÍA Y PATRIOTISMO

Una persona que recibe habitualmente mis correos, me envió un pps. que documenta las torturas sufridas por un hombre que luchaba por defender los derechos humanos. Y me señalaba:
"¿Vio usted cómo terminan los defensores de los derechos humanos?"
Yo les reenvío ese pps., y la contestación que le di a esa persona, muy preocupada ella por mi actitud ante las pretensiones de este gobierno que está intentando, por todos los medios, implantar su ideología neomarxista a partir de las escuelas, donde se propone pervertir sexualmente a la niñez paraguaya. Le respondí cuanto sigue:
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Muchos gobiernos socialistas, como el de Lugo, terminan usando la tortura como herramienta de "persuación", para los que no pensamos como ellos.

PARA IMPONERSE POLÍTICAMENTE, NOS QUIEREN ARREBATAR NUESTROS PRINCIPIOS PATRIÓTICOS Y CRISTIANOS, Y OBLIGARNOS A ACEPTAR LA BASURA DE SU IDEOLOGÍA, COMENZANDO POR DEGENERAR A NUESTROS HIJOS EN LA ESCUELA, CON EL PESTILENTE "MARCO RECTOR" de la perversión sexual, apoyados por organizaciones gay. Todos esos "Marcos" son idénticos, copiados casi al pie de la letra de las directivas de la ONU sobre el sexo.

SU ÚNICO FIN: ACABAR CON LA FAMILIA PARA GOBERNAR SIN TRABAS, PORQUE EN LA FAMILIA ES DONDE SE ENSEÑAN LOS VALORES OPUESTOS A ESTOS REGÍMENES MARXISTAS.

¿Vamos a permitirles que hagan eso? ¡Vamos a reelegir a estos traidores que se presentaron como "santos", y ahora están mostrando sus uñas de dictadores violentos?

CON ELLOS NO SE PUEDE RAZONAR: su único argumento es la fuerza y la tortura.

Pero yo estoy dispuesto a asumir todas las consecuencias de mi lucha por impedir que sigan violando a mi Patria, y ultrajando a Jesucristo, mi único Rey.

¡EL PUEBLO DEBE DAR DE BAJA, EN EL 2013, A ESTOS IMPOSTORES.

Cordiales saludos:
Dr. Francisco.

PD. Ayudemos a los oprimidos por pensar como seres normales, reenviando este correo
En el documento que adjunto, verán cómo torturan estos socialistas a los que defienden la Paz y la Justicia.
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domingo, 3 de julio de 2011

EL IDEAL DE LA ETERNA JUVENTUD


La Humanidad siempre ha buscado
"LA ETERNA JUVENTUD".
Algunos querían lograr eso por medio de alguna sustancia, como el "elixir de la vida", que impidiera el envejecimiento; otros, por medio de algún otro recurso que permitiera "volver a rejuvenecer", como son las centenares de técnicas para estirar la piel, aumentar el volumen del busto, o de los músculos, en fin: todo con el propósito de "verse más joven".

Pareciera que a muchos no les gusta envejecer, ni pueden admitir tan siquiera la idea de que todo cuerpo humano se irá deteriorando con el paso de los años.

La vejez es una etapa del ciclo vital que a muy pocos atrae. Por eso muchos no cuentan su edad, o se disminuyen algunos años cuando la cuentan.

No me refiero aquí al afán de sentirse con entusiasmo y gozar del vigor físico aunque los años vayan pasando: eso es un deseo normal, que nos lleva a cuidar nuestra alimentación, no caer en los vicios, descansar adecuadamente, y todos los demás cuidados que debemos prodigar a nuestro cuerpo para mantenerlo saludable. Hacer esto es un deber, incluso.

Me refiero a aquellos que solo buscan recuperar el aspecto externo de la juventud, sin darse cuenta de que los órganos internos, igualmente, seguirán envejeciendo, tanto más rápido si no se les prodigan los cuidados necesarios, como los citados más arriba.

Pero, suponiendo que se descubra, como lo intentaron los antiguos, alguna sustancia "mágica", como la "piedra filosofal", el "elixir de la inmortalidad" , o la "panacea", que nos permita, al solo contacto con ella, retornar a la edad del pasado que uno prefiera, tal vez los quince, o los veinte años, ¿valdría la pena tocarla y volver a esas edades del pasado? En caso de respuesta afirmativa, surge otra pregunta: ¿para qué?

Psicológicamente hablando, les revelo la existencia un fenómeno que muchos han conocido al llegar a su vejez, o lo están experimentando gozosos ahora, cuando se encuentran ingresando en ella, ya rodeados de nietos o biznietos.
El fenómeno es el siguiente:

¡PODEMOS SEGUIR SIENDO NIÑOS EN NUESTRO CORAZÓN!

El corazón tiene la edad de lo que lleva adentro: y la psicología ha descubierto que es posible conservar activo, dentro de él, el niño que todos fuimos alguna vez.

Muchísimos ancianos tienen un espíritu definitivamente más juvenil que ciertos jóvenes cuyo espíritu ya declina, porque no le encuentran sentido a su vida, pese a ser poseedores de una gran belleza física y abundantes riquezas monetarias.

Hay en la Biblia, libro de eterna Sabiduría, varios pasajes referentes a la vejez, considerada allí como una riqueza, por el hecho de poder gozar, gracias a ella, de la sabiduría, del entendimiento, de la fortaleza, y de muchas otras virtudes que le hacen al anciano capaz de transmitir energía vital a los más jóvenes o niños.

EL SECRETO RADICA EN HABER ALCANZADO ESA HONDA SABIDURÍA QUE, NORMALMENTE, FLORECE EN LA VEJEZ, MANTENIENDO INTACTAS LA SENCILLEZ, EL CANDOR, Y LA ALEGRÍA QUE CARACTERIZAN AL NIÑO. Y a esto se refiere uno de esos pasajes, donde leemos:

* "Si no os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los Cielos", entendiendo por dicho "reino", el disfrute de la paz, la armonía del espíritu y la alegría serena resultante de ese estado psicológico, que son el preludio de nuestro ingreso a la vida inmortal.
Muchos ancianos, por ello, se encuentran más cerca del cielo que de la tierra.

* "Entonad al Señor un cántico nuevo", leemos en otro pasaje, cuya enseñanza es revelarnos que somos capaces de darle la vitalidad profunda de la sabiduría de las edades más avanzadas, a los viejos recuerdos de la infancia, de modo que éstos sean revividos, pero COMO ALGO NUEVO, es decir,percibidos ya desde la perspectiva de la madurez adquirida con el correr de los años.

Podemos, entonces, de esa forma, y no de ninguna otra, VOLVER A LAS GRATAS VIVENCIAS DEL PASADO, pero MIRÁNDOLO CON LAS LUCES DEL PRESENTE.
Gracias a esa nueva forma de mirar, se tornarán comprensibles, por fin, HASTA LAS MÁS DESAFORTUNADAS SITUACIONES POR LAS CUALES NOS TOCÓ ATRAVESAR EN LA NIÑEZ Y EN LA JUVENTUD. Y todo se vuelve riqueza: todo cobra sentido.
Y AHÍ SE PRODUCE EL BÍBLICO "CÁNTICO NUEVO".

Espero que estas reflexiones les ayuden a disfrutar DE LA EDAD MADURA, para alegrarse por la riqueza que significa el poder mirarla y vivirla, no como un declinar, sino como un elevarse a una meta absolutamente hermosa.

¿QUÉ ES EL AMOR A LA PATRIA?

A MIS QUERIDOS AMIGOS ARGENTINOS,
a mis compatriotas paraguayos, y a todos
los que gustan de las brillantes canciones de la Patria:
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Recibí en estos días la historia de la incomparable CANCIÓN A LA BANDERA, de la República Argentina, y la espectacular interpretación de un gran tenor de ese país. Escuchar dicha canción, más aún conociendo su historia, despierta en uno profundas emociones patrias, las cuales forman parte de los más sagrados valores que viven, vibrantes, en nuestros corazones.

Yo estudié 11 años en la Argentina, desde los 10 años de edad: por eso la considero también como la Patria mía, porque en ella viven aún muchas de las personas a quienes tanto amé desde niño, que fueron mis profesores y compañeros, porque ellos contribuyeron, de manera decisiva, a mi crecimiento intelectual, artístico, patriótico, y en los demás valores espirituales.

Y la Patria es eso: el terruño amado. No es el territorio geográfico simplemente, sino los seres queridos que lo habitan y que se mantienen vivos en nuestro corazón, y todas las personas dignas que viven bajo su cielo, que la honran con su conducta, con quienes compartimos los mismos sufrimientos y alegrías, caminando juntos hacia un mismo destino. Eso es la Patria.

Es por ello que existe ese fenómeno tan hermoso y gratificante de sentirnos como miembros de una misma familia, al encontrarnos en medio de compatriotas en la celebración de algún acontecimiento patrio, tal como ocurrió en aquellas inolvidables concentraciones multitudinarias para celebrar el Bicentenario de la Independencia del Paraguay.

Espero que mis amigos argentinos, y mis compatriotas paraguayos también, disfruten de esta hermosísima página musical.

¡VIVA LA PATRIA!, Y ¡VIVA NUESTRA BANDERA!
POR ELLAS ESTAMOS DISPUESTOS A OFRENDAR NUESTRAS VIDAS.

Y es esa actitud de ofrenda y sacrificio, esa disposición de engrandecer la belleza geográfica, cultural y espiritual del TERRITORIO QUE HABITAMOS JUNTO A NUESTROS SERES QUERIDOS, ese sentimiento, en fin, de estar dispuestos a darlo todo, hasta la vida misma, si necesario fuere, por defender ESO QUE ES NUESTRO, contra toda pretensión de quienes intenten violar nuestra soberanía, todo eso, como fragante ramillete vivo en nuestro corazón, ¡ESO ES EL AMOR A LA PATRIA!

Ojalá podamos volver a incluir, nuevamente, en los Programas educativos de los colegios, todas las enseñanzas y actividades destinadas a encender el patriotismo, lamentablemente descartadas por ciertos gobiernos socialistas, para los cuales este tema es un concepto caduco y descartable.

DICHOS GOBIERNOS SON LOS QUE DEBIÉRAMOS DESCARTAR POR SIEMPRE.
Cuidemos nuestro voto en el 2013.

Y aquí va la historia, la música sinfónica, y el canto vibrante del tenor, interpretando tan emotiva canción patriótica, tan hermosa como las que tenemos en el Paraguay.

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